viernes, 31 de octubre de 2008

Deportes de riesgo

Voy a tomarme un descanso bíblico, ya que tengo a Moises recolectando bichejos y preparando una serie de sorprendentes trucos de magia (del último no se que ha dicho de magia negra), para convencer a su hermano Ramsi de que deje que Viajes Sinaí prospere, para hacer un hueco a algunas de las actividades más temerarias a las que se puede enfrentar el ser humano. Me refiero, claro está, a los deportes de riesgo.

Es posible que al leer esta pequeña introducción, hayáis pensado en típicos deportes extremos como el puenting, el buceo en apnea, la maratón (I'm sorry Sylvie, pero me reconocerás que correr 42 km seguidos es un poco extremo jajajajaj), el barranquismo, la escalada integral o hacer la declaración de la renta, entre otros.

Pero no. Los deportes a los que hago referencia son mucho peores. Me refiero al Dominó y al Parchís.


¿Escucho risas de fondo? ...... ¡¡¡Insensatos!!!.... No os riáis de estos aparentemente inofensivos entretenimientos, pero peligrosos en su ser. Ahora veréis porqué.

Todo se remonta a los días de estudiante de mi padre, allá en Santiago de Compostela. En aquellos tiempos, mi progenitor además de estudiar la carrera de Farmacia, hizo un master en dominó y en parchis, hasta el punto de considerarse a si mismo como un avezado jugador.

Los años siguiente, cada vez que se sacaba alguno de los juego a la mesa, él se dedicaba a sentar cátedra (nada común en mi padre por otro lado, que siempre ha sido una persona humilde y campechana), hasta el punto de que mis hermanos y yo acabamos aborreciendo jugar con o contra él. Sinceramente nunca entendía que jugar al parchis, necesitase de una estrategia más propia de una campaña deAlejandro Magno que de un juego de mesa.

Así, ambos juegos fueron cayendo en el olvido y desuso, hasta que fueron rescatados. Y es aquí a donde quería llegar.

Cuando yo tenía 20 o 21 años, mis padres empezaron a jugar al dominó después de acostarnos. Tanto mi hermano como yo dormíamos en la habitación colindante al cuarto de estar, por lo que noche tras noche, oíamos todos los comentarios. Éstos al principio eran los típicos de pique entre mis padres. Sin embargo, con el transcurrir de las jornadas, empezamos a escuchar a mi padre decir cosas como "No tienes ni idea. ¿como puedes tener un 6-pito cuando tenias que haberlo tirado antes para obligarme a coger a mi del montón?", que curiosamente coincidian con las ocasiones en que mi madre ganaba. Cada vez que mi padre alzaba la voz airado, nosotros nos reíamos y teníamos tema de conversación al día siguiente con mis hermanas, que en la lejanía ni se enteraban.

Estas victorias maternas ocasionales se fueron convirtiendo en cotidianas, hiriendo el orgullo del su oponente, que finalmente, tras un par de discusiones sobre la anarquía de mi madre como jugadora, decidió dejar de lado las piezas negras y blancas del dominó y cambiar al tablero multicolor del parchis.

Las cosas empezaron bien. Durante un cierto tiempo el "amo del juego de mesa", cual Rafael Nadal, demostró su valía y su buen hacer. Hablaba a mi madre desde su púlpito, haciéndole las oportunas aclaraciones como un maestro que enseña a su torpe alumno. Fueron jornadas de buen rollito nocturno, para aburrimiento de sus dos hijos que, sin éxito alguno, prestábamos atención para ver si se producía alguna discusión que animase la llegada del sueño.

Hasta que todo se torció. De repente mi madre comenzó a ganar, y mi padre a cabrearse. No os podeis imaginar las risas que nos haciamos mi hermano y yo, cada vez que una ficha femenina se comía a una masculina o llegaba al final. "Eres una fullera", "No sabes jugar", "Tienes la suerte del tonto" y letanías similares llenaban de jolgorio nuestras noches. Tal era la juerga en nuestra habitación, que mis hermanas se acostumbraron a venir a visitarnos para reirnos en camarilla.

Y llegó la noche en que la gota colmó el vaso de la paciencia de mi padre. No recuerdo los detalles con exactitud, pero supongo que mi madre arrasó. Sí recuerdo que mi padre la denominó "tahur del Mississippi" (esa frase quedó recogida para siempre en mi subconsciente), amen de fullera, tramposa y de acusarla de no saber ganar. Nosotros nos descojonabamos, mi madre se reía a mandibula batiente y mi padre se encendía cada vez más y más. Y entonces, en su último acceso de orgullo despechado, mi padre cogió el tablero de parchís, miró a mi madre con mirada asesina, abrió la ventana que daba al patio y lo arrojó para siempre a la oscuridad de la noche. Nunca más volvieron a jugar otra partida.

Como podréis observar, el parchís, al menos en mi casa, puede tener la categoría de deporte de riesgo. Y el dominó también, porque también pudo haber terminado en el mismo lugar que el otro juego.

El fin de semana pasado, mientras comíamos todos juntos, mi hermano y yo recordamos aquellas partidas nocturnas para solaz y regocijo de todos , incluyendo a mi padre, que no dejaba de repetir que mi madre era una tramposa y que le había provocado hasta tener aquella reacción.

Así que ya sabéis. Tened cuidado con el parchís que las armas las carga el diablo.

Como complemento musical, voy a sugerir Tonight I have to leave it, de los Shout Outs Louds, que debió de ser lo último que pensó el pobre tablero antes de iniciar su viaje sin retorno

12 comentarios:

Ronini dijo...

jejejj, ¿sabes en qué se parece un hombre al parchís?
en que se comen una y se cuentan veinte jijiji

muy entrañable tu post, siempre es enretenido recordar en comidas familiares estos momentos , a mí me gusta,
de hecho mi hermano pequeño y yo siempre acabamos recordando el día del ataque de risa en casa de la abuela, mesa de 25, mi hermano hacía muecas y estalló la risa, no quiero añadir nada más que ese día había sopa de primero...es divertido recordar..

pensándolo bien , me puedo declarar deportista de riesgo, siempre jugué al dominó,
besos

Belén dijo...

HOmbreeee, en mi familia las noches del parchís también son memorables...

Pero para juergas, con el trivial, mi padre el pobre siempre nos animó a estudiar pero no acepta en absoluto que sepamos mas que él, asi que se inventa las preguntas... tu sabías que Egipto está en Asia? En la década de los 50, cuando mi padre estudiaba, si... ;)

Besicos

LauraCa dijo...

Por qué será que los padres suelen ser de naturaleza orgullosa y mal perdedora?? Está muy bien tu blog, gracias por tu comentario :D

Ayshane dijo...

Estos juegos siempre nos han calado bien hondo....

Me has echo sonreir esta mañana...

besitos grandotes...

dintel dijo...

Nuevo concepto: "violencia de juego".

Los Caballos de Troya dijo...

Mis padres eran deportistas de riesgo en la categoría de cartas. La canasta o el continental eran las categorias extremas. Las de menor riesgo, aptas para menores, el mus y el tute.

Qué gritos de risas o de desesperación surgían del salón o del cuarto de estar cuando mis padres y amigos y/o/u familiares se juntaban para practicar ese deporte tan arriesgado al igual que el parchís o dominó.
Un saludo
Alfonso

Sylvie dijo...

El maratón deporte de riesgo????...anda, yaaaaaaaaaaa...si es un paseíllo de ná!!!!!!!!

Qué mal perdedor tu padre...me he reído un montón imaginandolo tan rabioso con ella, como para acabar tirando hasta el tablero!!!

No volveré a jugar más, si no es con mi abogado delante.

Besitos.

CalidaSirena dijo...

Mi paisano querido, menudo maratón, jajajajaja..
Siempre me haces reir, eres un amor..
Tengo en mi orilla un detallito para tí, por tu cariño de siempre..Este mes cumplo un aniño de blog.. y no me gustaría que tu faltases sin recoger mi agradecimiento..
Besos y cariños muy grandes...

tequila dijo...

jejejeje, cuanta razón tienes ... comprendo a tu padre( la impotencia de no poder sacar ficha o de que te "merienden" una y otra vez, jejejje)
otro deporte de riesgo es el mus, cuando lo juegas con tu pareja "sentimental" como contrincante, ufsss entonces no hay sabado sabadete que valga :)))

besos

bastekcat dijo...

ufffffffff... que complicado cuando se instaura en el hogar el juego de mesa. Sobre todo cuando gana la mujer... no veas el cabreo.
en casa de mis suegros es costumbre pasarse las tardes noches de invierno jugando a las cartas.
Hasta que yo aprendí... desde entonces mi suegro se negó a jugar... porque no soportaba que le ganase jajjajjja.
He aquí la historia de como la liberación de la mujer acaba con las tradiciones más arraigadas..
besos.. y continua escribiendo...

María dijo...

A mí siempre me ha gustado jugar mucho al parchís, cuando era una niña era muy aficionada a él, pero yo nunca hice trampas, ni tampoco mis hermanos, quién las hacía era mi madre que se saltaba muchas casillas, no sé si es porque no veía bien o qué jaja. Ahora ya no me gusta, quizá sea porque ya me haya hecho muy mayor jaja.

Un beso.

Froiliuba dijo...

jaajjajajaaaajaj
me encanta este post!!!

me has hecho recordar tiempos en los que los amigotes nos juntabamos y jugabamos al parchis con unas reglas que habiamos medio inventado nosotros, totalmente leoninas.
Jugabamos por equipos, osea lo tipico de chicas contra chicos y... adivina quienes solian ganar para cabreo del personal jajajajaj

esa noche mas de uno no mojaba el churro en el cafe por llevarse la leche cortada para casa jajaja